El marketing bélico. Breve historia de la Propaganda de guerra. Segunda parte. Primera Guerra Mundial.


Continúo con la Segunda parte de la Breve historia de la Propaganda de Guerra.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-18) fue realmente cuando la Propaganda comenzó en todo su apogeo. También llamada “Psychological Warfare” o “Guerra psicológica”, es definida por el norteamericano un concepto nacido en Estados Unidos. Así, la propaganda de guerra es definida por W.E. Daugherty como “el uso planificado de propaganda y otras acciones orientadas a generar opiniones, emociones, actitudes y comportamientos en grupos extranjeros, enemigos, neutrales y amigos, de tal modo que apoyen el cumplimiento de fines y objetivos nacionales” .

Aunque habitualmente La propaganda de guerra se basa en la difusión de falsa información y de una realidad distorsionada, también en ocasiones se ha llevado a cabo simplemente exagerando la realidad o adornando la verdad. Muchas veces la mejor propaganda ha sido la que con sutileza, disimuladamente consigue llegar a los cerebros de los consumidores de la misma sin que tengan la sensación de estar siendo manipulados. Bien es sabido que muchas veces es más importante desmoralizar al contendiente que arrasarlo con bombas. Las deserciones, traiciones y revueltas que pueden provocar son mayores bajas que las ocasionadas por el armamento bélico. Aunque anterior al periodo bélico del que estamos hablando, en la genial “El Príncipe”, habla de la justificación de la mentira por parte del gobernante (que no está obligado a “cumplir con la palabra empeñada”) y la presunción de que “gobernar es hacer creer”.

Durante la Primera Guerra Mundial, el bando alemán y el británico jugaron una auténtica partida de ajedrez propagandística y trataron con ella de influir en la fundamental  opinión pública de los ciudadanos de Estados Unidos. Al comienzo los alemanes trataron de implicar a los norteamericanos de origen alemán y a los irlandeses a su favor y en contra de los ingleses, sin mucho éxito y por otra parte éstos crearon el Esta comenzó con la creación del Ministerio de Información, en 1917, bajo la responsabilidad de William Maxwell, más conocido como Lord Beaverbrook. Este magnate de la prensa realizó un trabajo muy fino y práctico de control de la información para que sólo se difundiera la que estaba perfectamente controlada y estudiada. La censura obviamente era permanente y de ese modo poco a poco fue calando a favor de los británicos en la opinión pública norteamericana. Más tarde éstos crearon el Comité para la Opinión Pública al estilo del Ministerio de Información Británico.

Tal fue el efecto positivo en la derrota alemana en la Primera Guerra que el propio autor de “Mi lucha”, (Mein Kampf), escribía:  “En el año 1915, el enemigo comenzó su propaganda entre nuestros soldados. A partir de 1916 continuó más intensivamente, y en el inicio de 1918 se transformó en una nube negra. Uno puede ver ahora los efectos de la seducción gradual. Nuestros soldados aprendieron a pensar como el enemigo pretendía. Alemania falló en reconocer la propaganda como un arma de primera utilidad, donde los ingleses la utilizaron con gran pericia y genial deliberación” .

En todo momento se emplearon mensajes propagandisticos que iban destinados a enardecer las emociones, el amor a la patria y el odio al enemigo, a estimular el trabajo y el esfuerzo en la lucha, a ahorrar para la industria bélica, a precaverse de los posibles espías que abundaban en esos tiempos, a no confiar en extraños, a obtener financiación mediante rifas caritativas destinadas a ayudar a los combatientes, a los prisioneros de guerra, los mutilados y las víctimas civiles, etc.

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Uno temas propagandísticos más extendidos fue la llamada “atrocity propaganda”, es decir, difusión de historias de las atrocidades cometidas por el enemigo con el fin de desacreditarlo, independientemente de su veracidad.

Entre 1914 y 1918, millones de carteles fueron impresos y distribuidos por todos los países que participaban en el conflicto. El mejor ejemplo fue la realizada por las autoridades norteamericanas con el famoso cartel del “Tío Sam” para alistar al mayor número de voluntarios para la guerra. Se imprimieron 5 millones de copias.

En definitiva, la industria del marketing bélico fue fundamental en el devenir del conflicto. En la Tercera Parte de esta Breve Historia de la Propaganda de Guerra hablaremos de la Segunda Guerra Mundial que no tuvo desperdicio en este terreno.

Carlos Arauz

Acerca de arauzcarlos

Licenciado en Derecho. Director de Seguridad. Master en Prevención de Riesgos Laborales. Community Manager. Carlos Arauz en Google
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